Uno de esos momentos que me gustaría repetir una y otra vez. Un paseo sin prisa hasta  Valle de Lago, que en principio no prometía nada más que el propio paseo. Pero poco a poco la tarde fue cambiando, fueron entrando nubes, hasta el punto que parecía que se iba a nublar. Empezó el cielo a coger color y en la última media hora apareció una invitada inesperada, la niebla. Cinco minutos después de hacer la foto no se veía a 20 metros, todo el valle se inundó de niebla y no volvió a despejar. Incluso la vuelta la hice a la luz del frontal y bajo la niebla espesa. Una tarde que fue un espectáculo, para ver y fotografiar. Lástima no poder escoger todos los factores cuando uno quiere, o quizá eso sea lo bonito de la fotografía de paisaje, no poder controlar los elementos, quizá eso convierta esos momentos efímeros tan potentes, en pequeños grandes momentos.